La salsa en la que se apoyan todos los postres, y la que se convierte en huevo revuelto dulce a 85 °C. Apréndela una vez y se te abrirá medio libro de pastelería.
| Tiempo | |
|---|---|
| Raciones | 4 |
| Dificultad | Difícil |
| Utensilios | Cazo, bol, termómetro, colador fino |
Contiene huevo crudo — no apto para embarazadas, niños pequeños ni personas inmunodeprimidas.
- 400 ml — leche entera
- 100 ml — nata doble
- 1 pza — vaina de vainilla
- 6 pza — yema de huevo
- 90 g — azúcar
6 yemas: 500 ml de leche: 90 g de azúcar
- Lleva a ebullición la leche, la nata y la vainilla partida, luego retírala del fuego y déjala reposar veinte minutos. Infusionar fuera del fuego saca más sabor de la vaina que hervirla.
- Bate las yemas y el azúcar hasta que estén pálidas, vierte un tercio de la leche caliente sobre ellas sin dejar de batir y luego devuelve todo al cazo.
- Remueve constantemente a fuego bajo con una cuchara de madera, dibujando ochos para que nada se quede quieto en una esquina. Retíralo a 82 °C: cuando pases un dedo por el dorso de la cuchara, la línea debe mantenerse.
- Cuela enseguida la crema en un recipiente frío. Si la dejas en el cazo caliente, se sigue cocinando y se llena de grumos en el minuto que tardas en encontrar una jarra.
- Una ración (1 de 4): leche entera 100 ml, nata doble 25 ml, azúcar 22,5 g
- Doble cantidad (8 raciones): leche entera 800 ml, nata doble 200 ml, vaina de vainilla 2 pza, yema de huevo 12 pza, azúcar 180 g
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Fuente · Mirepoix · Auguste Escoffier, Le Guide Culinaire (1907), n.º 2542